Haciendo el camino: Una bitacora sobre el transcurso de la vida

Transatlantic en Chile: de no creer

Transatlantic en Chile

Me cuesta encontrar una forma de sintetizar lo del 15 de febrero del 2014, pero la expresión “de no creer” es la más acertada.  Porque decir que vi a Transtlantic tocar en Chile  y en el Caupolicán es como loco;  siempre pensé que de ocurrir semejante rareza  a lo más sería en el teatro Oriente o en el Providencia (para los más jóvenes y siúticos me refiero al centro Mori y al Nescafé de las Artes), pero esto tuvo igual su cuota de incertidumbre… mejor narremos todo.

La gracia de las redes sociales  es que  la información llega más rápido e incluso de las mismas fuentes, así que cuando Pete Trewavas puso en su twitter que estaban atascados en el aeropuerto de Buenos Aires la ansiedad me empezó a inundar, “no vaya a ser que no veamos a estos monstruos porque se quedaron atorados en Argentina”  pensaba y la ansiedad recién se apaciguó un poco cuando Mike Portnoy pasado a las 17:00 dijo que habían llegado a Chile, pero  la ansiedad  y la incertidumbre seguías  presentes. Porque es una lata saber que los tipos literalmente se bajaron  del avión y se fueron  al tiro a encerrarse al teatro, porque te hace preguntar  cómo afecta eso en su performance; pero  mientras esos pensamientos se asomaban en mi cabeza  ocurría una aventura paralela con nosotros los espectadores.

Habíamos llegado a eso de las 18:15 al teatro y ya había gente haciendo fila, lo cual es normal, el problema  era que mientras el tiempo pasaba y se acercaba la hora que debían abrir las puertas, no pasaba NADA y por muy hippie que pueda ser la comunidad proggy no la hace menos beligerantes de ser necesario y las molestias empezaron a asomrse. Además, como es una costumbre el ninguneo a este estilo, de las 4 entradas del Caupolicán solo habilitaron UNA  así que ya estaba empezando a ponerse un poco caótico el asunto.

Ya eran 10 para la ocho de la noche  y no nos dejaban entrar. A esa altura habían más de 1000 personas atiborrando la cuadra de San Diego preguntando qué pasaba, era evidente que  el amor y paz se estaba yendo al carajo, ya me veía en mi cabeza un titular como “Hippies treintones queman el teatro Caupolicán”;  de hecho la cosa se puso seria cuando  la chifladera era muy notoria y tuvo que llegar Carabineros a increpar a la gente de seguridad  por no permitir entrar. Recién a las 20:00(hora que iniciaba el concierto originalmente) abrieron la entrada y nos empezaron a ingresar…pero a medias ya que nos dejaron esperando en los pasillos porque Transatlantic estaba  haciendo en ese momento la prueba de sonido, lo cual tranquilizaba a los asistentes porque por lo menos había la certeza que la banda  estaba  presente. Todo este mal rato se hubiese aclarado si la producción hubiese usado su capacidad cerebral y  desde un principio explicar la situación y no quedarse en silencio, por eso cuando uno de los productores se asomó RECIÉN a las 20:30 a explicar lo que había pasado recibió el merecido abucheo.

Pero  todo ese mal rato se disipó a eso de las 20:45 cuando se prendió la pantalla principal del escenario con  el caleidoscopio de la portada  y  de fondo sonando un arreglo orquestado de todo el catalogo del grupo  para que a las 21:01 la banda subiese al escenario y partieran con todo con Into the Blue  y de ahí en adelante el carnaval progresivo por excelencia de Transatlantic.

El Caupolicán no estaba lleno pero habían fácilmente 2000 personas, lo cual es harto, dada la naturaleza de la banda, el mes del concierto  y que hubo cero publicidad comparado con otros concierto de corte progresivo como lo fue el de Marillion o el mismo Steven Wilson.

Volviendo al ámbito musical, si bien al inicio del concierto era más bien un concierto de “Saturación Featuring Transatlantic”(siendo ya una costumbre que en los conciertos nacionales el señor saturación aparezca)  esto se arregló al terminar  Into  the Blue, pero aun así se pudo disfrutar de la canción que, para sorpresa de los mismo músicos, la gente coreaba como si estuviese existiendo  por años. Acá el señor Ted Leonard pasó la prueba de fuego al tener que cantar la parte de Daniel Gildenlöw  que es la parte más intensa de la canción. Al escuchar en vivo Into The Bluenuevamente se mantiene mi parecer que es la canción más poderosa del disco.

La siguiente fue My New World una favorita personal mía y uno de los muchos puntos altos del concierto. Llamó agradablemente mi atención  el notar la sorpresa de Neal Morse quien se percataba como estos homo-chilensis literalmente cantaban las melodías de las canciones y miraba a Portnoy con una cara de gratificante pregunta ¿qué onda estos tipos?

Luego de esas dos canciones ya habían pasado 40 minutos de concierto. Es ahí que Portnoy, quien ofició de maestro de ceremonia,  le da pie a Neal Morse  para interactuar con la audiencia y así presentar Shine, que si bien como canción no es nada de otro mundo me hizo percatar de algo super poderoso, que es la presencia de Neil Morse en vivo. Es que  pese a que no habló mucho y que gran parte del recital estuvo en su tarima con sus teclados, su presencia en escena llenaba el escenario y era el que realmente le hacia el contrapeso a Pornoy en cuanto a protagonismo.  Es algo difícil de explicar, ya que  pese a que he  escuchado a Morse por años y he visto muchas de sus presentaciones en videos, presenciarlo en persona es un tema diferente, tiene una mística especial , él vive las canciones; si utilizamos el cliché de “cantar con el alma” es 100% aplicable a Neal Morse. Quizás sea por sus reconversión religiosa o qué sé yo, pero es algo que a la fecha no lo había visto en otro vocalista.

El momento más increíble se dio con The Whirlwind. Acá tenía mis aprensiones porque sabía que era la versión editada, pero cuando la presencié en vivo quedé patras,  sonó increíble, la versión resumida de media hora  quedó muy bien hecha. En esta canción cabe destacar las interpretaciones de Stolt que tenía a toda la primera fila literalmente haciéndole alabanzas, no por nada es una leyenda moderna del progresivo, la presencia de Trewavas en el bajo que en comparación a cuando vino con Marilion el 2012, acá se escuchaba claramente y uno podía apreciar lo grandioso bajista que es y por último el hombre espectáculo que es Mike Portnoy , que de las cuatro veces que lo he visto en vivo, esta fue por lejos la más alocada, pues en la parte más frenética de la canción el tipo esta con tal intensidad que cada vez que le pegaba a los tambores o  a los platillos salían astillas volando , y no es ninguna exageración , porque eran totalmente visibles, tanto es así que Pete Trewavas se tuvo que correr de ahí para que no le llegase un pedazo. Obviamente al final terminó rompiendo las baquetas y tirando los pedazos al público, de hecho hay una foto rondando  y yo fui testigo de cómo quedó porque la niña que estaba delante mío agarro un resto de la baqueta.

Si escuchar The Whirlwind no fue suficientemente increíble, le siguió el clásico dueto de guitarras entre Morse y Stolt para rematar con We All Need Some Light y para mí  ya el concierto estaba listo, si terminaba ahí yo más que feliz. Pero quedaba un poco más de  una hora de Show y la otra sorpresa de la noche fue la potentísima versión  Black as the Sky, lo que refuerza mi idea que está canción e Into The Blue son los temas más potentes del último registro.

Ya se asomaba el final del recital y el relajo era máximo, tanto así que el subconsciente de Neal Morse lo traiciona y revela que Kaleidoscope  originalmente era para su disco solista al decir “la siguiente canción es de MÍ reciente disco”. Y tal como lo predije en mi post anterior pudieron cerrar correctamente la canción quitando ese muy raro fade que dejaron en la versión de estudio.

Ya habían pasado un poco más de dos horas y los músicos habían dejado el escenario…obviamente para hacer un encore de 30 MINUTOS   con la fusión de All of the Above Y Stranger in Your Soul, con una energía  y emotividad enorme que costaba pensar que llevaban dos horas tocando. Nuevamente Morse y Portnoy fueron los que se lucieron, el primero cantando con todo su ser y el segundo siendo el showman hasta el final, tanto así que entremedio de All of the Above  bota el atril de uno de sus platillos y con una pirueta muy rara lo logra levantar y tirarlo atrás y seguir tocando. Uno puede criticar muchos aspectos de Portnoy pero puta que da un buen espectáculo.

Y en un abrir y cerrar de ojos pasaron 2 horas  y 36 minutos  de puro rock progresivo del bueno y el show se acaba y uno queda con sensaciones mezclada porque uno quiere seguir escuchando más, tal vez por la posibilidad que no vengan de nuevo, pero lo que se vio y escuchó fue tan la raja que era llorar demás.

Es prematuro decir, en especial porque recién comienza la temporada de conciertos, pero veo difícil en el horizonte cercano que algo supere a Transatlantic en Chile este año.

Fecha de publicación: 17/02/2014. | Categorizado en: Música, Personal | Etiquteado en: , , , , ,